martes, 11 de octubre de 2016

Análisis Uncharted: La bolsa de los déjà vu

No paro de leer una y otra vez lo maravillosa que es la saga Uncharted. No paro de ver a medios especializados soltándole dieces y nueves a cada uno de sus títulos. No paro de ver comentar a la gente como aman esta saga, cómo aman a sus personajes y lo mucho que les gustan sus historias. Y en el centro me hallo yo, observándoles a unos y a otros, viendo como se emocionan, como ríen y lloran con Drake y sus aventuras. Pero cada vez que intento acercarme, cada vez que intento compartir su alegría, cuando dirijo mis ojos a aquello que ellos observan con admiración, solo observo oscuridad. Veo a un ser demoníaco, formado por las almas de los olvidados, creado por los miembros amputados de los que le precedieron. Sin nada suyo, sin nada nuevo, sin alma. Me repele. Intento tocarlo, pero su textura es desagradable, áspera. Asqueado decido volver de donde vine, regresar a mi lugar seguro y hundirme en el mar de incomprensión.

Dicho pronto y mal, Uncharted me parece una de las sagas más sobrevaloradas que han existido jamás.