lunes, 22 de febrero de 2016

El día en que Tolkien condenó al mundo

Maldito sea el día en que Tolkien demostró su habilidad con la pluma. Aquel día en que, con ayuda de la mitología germánica y anglosajona, creó un mundo tan vivo como el nuestro, pasando de ser un hombre más a ser el dios creador de un nuevo y maravilloso mundo.

Amo todo lo que rodea a Tolkien, su imaginación desbordante, su rica mitología y sus alucinantes y únicas criaturas. Pero hay una cosa que odio, algo que él nunca pudo evitar, quizá ni se le pasara por la cabeza, algo que apareció tras su muerte: su legado.

Hoy en día todo el mundo es Tolkien. Cualquiera con un bic puede crear una fantasía llena de elfos, orcos y enanos, y vomitar un mundo mágico resultado de masticar sus escritos originales, reordenando los elementos sin cambiar el contenido, intentando echar más arena en una montaña y viendo como resbala por las laderas, sin nunca llegar a aumentar su altura.

Tolkien ha condenado a la fantasía, cual dios griego, a repetirse infinitamente en sí misma sin llegar nunca a hacer nada nuevo. Un libro ya no es fantástico sin su rey elfo orgulloso, o su enano gruñón. Necesitamos un ejército de orcos que, bajo diversas denominaciones, tienen un corazón común. Y un señor oscuro, un Sauron rodeado de lava y oscuridad alzado sobre todos los demás que pueda ser derrotado por el valeroso héroe.

Pero entre toda esa oscuridad, de forma tímida pero visible, existen ciertas luces que, si las sigues, puede escapar del oscuro camino por el que cruzó Tolkien, antaño elegante, ahora sobrecargado. Aquellos que encendieron nuevas luces, aquellos que se salieron de la senda y asfaltaron su propio camino merecen ser reconocidos ya que, aún si su recorrido muchas veces no alcanza el esplendor que tuvo la original, siempre es bonito perderse, y conocer nuevos rumbos. En este escrito os comentaré 3 de esos caminos que yo he recorrido, y en los que he encontrado bonitos mundos que explorar, creados por grandes, y sobre todo, originales autores de literatura fantástica.

El primero de los caminos a comentar es el de uno de los amigos de Tolkien en vida, el muy conocido pero poco leído C. S. Lewis. Autor de los libros de Narnia, con su reputación gravemente dañada por las películas. Con un estilo juvenil, pero al mismo tiempo puro e imaginativo, el mundo de Narnia atrapa como pocos son capaces, haciendo al hombre más duro añorar tiempos más dulces, tiempos donde un león podía ser el rey, y no nos parecía estúpido.

El segundo de los caminos es el construido por el recientemente fallecido, y que en paz descanse, Terry Pratchett. Un maestro de la construcción de mundos y de personajes. Puro cachondeo en unas novelas de fantasía humorística que, si profundizas en ellas, reflejan la realidad de forma más irónica que nadie. Un recomendadísimo autor que seguro que consigue sacarte más de una risa.

Mentiría si dijese que me he embarcado mucho en el camino que me ofrece Brandon Sanderson, apenas un libro y medio de su saga Nacidos de la Bruma, pero suficiente para embaucarme y hacerme seguirle cual niño en Hamelín. Con una ácida visión del ser humano y unos héroes que poco tienen de inmortales, Sanderson construye su visión de un mundo medieval mágico en el que el egoísmo, la crueldad y la esclavitud son el pan nuestro de cada día. Suma a la fórmula unos personajes multidimensionales y una prosa fácil de leer pero efectiva y te saldrán unos libros tan interesantes como absorbentes.

Antes se terminar, me gustaría hacer referencia a dos autores más que no he incluido: Patrick Rothfuss, al cual personalmente no soporto, pero sería hipócrita no nombrarlo si hablamos de originalidad, y Andrzej Sapkowski del cual únicamente he disfrutado de sus adaptaciones videojugabilísticas pero, si sus novelas tienen la mitad de la calidad de las mismas, merecerían sin duda estar en esta entrada.

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